Tener dolor durante las relaciones sexuales no es normal y tampoco debería ser algo que una mujer tenga que soportar en silencio. Muchas pacientes pasan meses o incluso años pensando que “es falta de relajación”, “es psicológico”, “es por estrés” o “es normal después del parto, la menopausia o una infección”. Pero la realidad es otra: el dolor durante las relaciones sexuales tiene causas médicas, hormonales, musculares, inflamatorias, infecciosas y emocionales que deben ser evaluadas.
El término médico para este problema es dispareunia, y puede presentarse como dolor al inicio de la penetración, ardor, sensación de corte, presión profunda, dolor pélvico, dolor después del sexo o incluso miedo anticipado a tener relaciones por experiencias previas dolorosas.
El sexo no debería sentirse como una prueba de resistencia. Si duele, el cuerpo está avisando que algo necesita atención.

¿Dónde se siente el dolor?
El dolor puede sentirse en diferentes zonas, y eso ayuda mucho a orientar la causa.
Cuando el dolor aparece en la entrada de la vagina, suele relacionarse con sequedad vaginal, inflamación vulvar, candidiasis recurrente, vaginismo, tensión del piso pélvico, cicatrices después del parto, atrofia vaginal o vulvodinia.
Cuando el dolor es profundo, como una presión interna o dolor pélvico durante la penetración profunda, puede asociarse a endometriosis, adenomiosis, enfermedad inflamatoria pélvica, quistes ováricos, adherencias, miomas, vejiga dolorosa o alteraciones del piso pélvico.
Cuando el dolor aparece después de la relación sexual y dura horas o días, puede orientar a inflamación pélvica, endometriosis, contractura muscular, irritación vaginal, vestibulodinia o problemas urinarios asociados.
Causas frecuentes de dolor durante las relaciones sexuales
Sequedad vaginal
Es una de las causas más comunes. Puede aparecer durante la menopausia, perimenopausia, lactancia, uso de anticonceptivos hormonales, estrés, algunos medicamentos o alteraciones hormonales. La falta de lubricación genera fricción, ardor, microlesiones y dolor.

Síndrome genitourinario de la menopausia
Antes llamado atrofia vaginal. Ocurre por la disminución de estrógenos y andrógenos, haciendo que la mucosa vaginal se vuelva más delgada, seca, sensible y menos elástica.
Puede causar dolor con las relaciones, ardor, irritación persistente, infecciones urinarias repetidas y urgencia urinaria.

Infecciones vaginales o de transmisión sexual
Candidiasis, vaginosis bacteriana, tricomoniasis, herpes genital, clamidia, gonorrea u otras infecciones pueden producir inflamación y dolor. Suelen acompañarse de flujo anormal, mal olor, ardor, picazón y molestias durante el contacto sexual.

Vaginismo o tensión excesiva del piso pélvico
Los músculos vaginales se contraen involuntariamente ante la penetración.
Puede generar dolor, bloqueo, sensación de “pared”, miedo a la penetración o imposibilidad de tener relaciones.

Vulvodinia o vestibulodinia
Se manifiesta como ardor, dolor o hipersensibilidad en la vulva o en la entrada vaginal, muchas veces sin infección evidente.
Algunas pacientes reciben múltiples tratamientos para “candidiasis” sin mejorar, cuando en realidad el problema es dolor vulvar crónico.

Endometriosis
Puede causar dolor profundo durante o después de las relaciones sexuales, especialmente si compromete ligamentos útero sacros, tabique recto vaginal, ovarios, intestino o pelvis profunda.
Suele asociarse a menstruaciones dolorosas, dolor pélvico crónico, dolor al evacuar durante la regla o infertilidad.

Adenomiosis
Puede producir dolor pélvico, reglas abundantes, cólicos intensos y sensación de peso uterino.
En algunas mujeres, el dolor se intensifica con la penetración profunda.

Después del parto, algunas mujeres presentan dolor por cicatrices, episiotomía, desgarros, lactancia, sequedad hormonal, alteración del piso pélvico o miedo al dolor. Aunque es frecuente, no debe normalizarse si persiste.
También pueden influir factores como ansiedad, experiencias sexuales dolorosas previas, falta de deseo, falta de excitación, problemas de pareja, antecedentes de trauma o miedo anticipado. Esto no significa que “todo esté en la mente”, sino que el dolor sexual es una experiencia corporal y emocional que debe abordarse de forma integral.
¿Por qué muchas mujeres no reciben una respuesta clara?
Porque muchas veces se busca solo una causa evidente, como infección o lesión visible. Si el cultivo sale negativo o la ecografía sale normal, la paciente puede recibir el mensaje de que “no tiene nada”. Pero eso no siempre es cierto.
Una ecografía normal no descarta endometriosis profunda, disfunción del piso pélvico, vulvodinia, atrofia vaginal inicial, dolor neuropático o inflamación crónica. Tampoco todos los dolores vaginales son infecciones, y no todo ardor significa candidiasis.
El diagnóstico se retrasa cuando no se pregunta directamente por dolor sexual, cuando la paciente siente vergüenza de hablar del tema o cuando se minimiza el síntoma.
Señales que orientan la causa
| Si el dolor aparece… | Puede estar relacionado con… |
| Al inicio de la penetración | Sequedad vaginal, atrofia, vaginismo, vulvodinia, infección o cicatrices. |
| De forma profunda durante la relación | Endometriosis, adenomiosis, enfermedad inflamatoria pélvica, adherencias, quistes ováricos o vejiga dolorosa. |
| Con ardor, picazón o flujo anormal | Infección vaginal o infección de transmisión sexual. |
| Con cada intento de penetración y sensación de cierre vaginal | Vaginismo o hipertonía del piso pélvico. |
| Más intenso durante la menstruación | Endometriosis o adenomiosis. |
| Con sequedad, ardor, urgencia urinaria o infecciones urinarias repetidas en perimenopausia/menopausia | Síndrome genitourinario de la menopausia. |
| Después del parto | Cicatrices, lactancia, sequedad hormonal o alteraciones del piso pélvico. |
¿Cuándo consultar?
Debes consultar si el dolor se repite, si evita que disfrutes tu vida sexual, si aparece ardor persistente, sangrado después del sexo, flujo con mal olor, dolor pélvico profundo, dolor menstrual intenso, dolor al orinar, urgencia urinaria, imposibilidad de penetración o miedo anticipado a las relaciones.
También es importante consultar si ya recibiste varios tratamientos para infección vaginal y el dolor continúa. Repetir óvulos sin diagnóstico claro puede irritar más la mucosa y retrasar la causa real.
¿Qué evaluación puede realizar el ginecólogo?
La evaluación debe ser cuidadosa y respetuosa. Incluye una historia clínica completa, identificación del tipo de dolor, examen vulvar y vaginal, evaluación del piso pélvico, análisis de flujo vaginal si hay secreción, descarte de infecciones, ecografía transvaginal cuando corresponde y estudios complementarios según sospecha clínica.
En algunos casos puede requerirse evaluación de endometriosis, vejiga dolorosa, dolor neuropático, alteraciones hormonales, microbiota vaginal, cicatrices posparto o síndrome genitourinario de la menopausia.
La clave es no tratar el síntoma a ciegas, sino encontrar la causa.

Tratamiento: depende de la causa
El tratamiento puede incluir lubricantes e hidratantes vaginales, terapia hormonal local en casos de atrofia o menopausia, manejo de infecciones, probióticos vaginales u orales, fisioterapia de piso pélvico, tratamiento para endometriosis o adenomiosis, neuromoduladores del dolor, terapia sexual, láser vaginal en casos seleccionados o manejo integral de la microbiota vaginal.
En mujeres con sequedad, ardor, dolor con relaciones y cambios hormonales, pueden considerarse tratamientos regenerativos locales orientados a mejorar la hidratación, elasticidad, trofismo vaginal y confort sexual.
En pacientes con sospecha de endometriosis, adenomiosis o dolor pélvico inflamatorio, el manejo puede incluir terapias hormonales y antiinflamatorias dirigidas a reducir dolor, inflamación y progresión de síntomas.
Cuando existe tensión del piso pélvico, el tratamiento no debe centrarse solo en óvulos o cremas. La fisioterapia especializada, la relajación muscular y el manejo del dolor son fundamentales.
En nuestra institución sabemos que la dispareunia o dolor durante las relaciones sexuales puede estar relacionada con sequedad vaginal, fricción, ardor o irritación. En estos casos, el uso de lubricantes e hidratantes vaginales puede ayudar a mejorar el confort íntimo.
VAGILUB® es un lubricante vaginal de uso íntimo. Ayuda a disminuir la fricción durante las relaciones sexuales, brindando lubricación inmediata y mayor comodidad. Es útil cuando el dolor se relaciona con sequedad o falta de lubricación.
HIDRAVAG® es un hidratante vaginal de uso regular. Ayuda a mejorar la humedad de la mucosa vaginal, reduciendo sequedad, ardor, tirantez e irritación. Su uso continuo puede contribuir a disminuir la dispareunia asociada a sequedad o fragilidad vaginal.

HIALUVAG® es un tratamiento vaginal regenerador e hidratante, generalmente indicado cuando existe mucosa vaginal sensible, reseca, irritada o con microlesiones. Ayuda a favorecer la reparación de la mucosa, mejorar la elasticidad y disminuir molestias como ardor, sequedad y dolor asociado a la fragilidad vaginal.
Mensaje para la paciente
Si las relaciones sexuales duelen, no tienes que resignarte. El dolor no significa que estás fallando, que no te relajas lo suficiente o que “así es tu cuerpo”. Significa que hay una causa que debe buscarse con calma, respeto y criterio médico.
Hablar de dolor sexual no debería dar vergüenza. Lo que sí debería preocuparnos es que una mujer viva años con dolor sin recibir una respuesta.

DR. EDUARDO PANDIA ESTRADA
MÉDICO GINECÓLOGO-OBSTETRA
ESPECIALISTA EN GINECOLOGIA REGENERATIVA, ESTÉTICA Y FUNCIONAL
ESPECIALISTA EN MICROBIOTA Y DISBIOSIS VAGINAL
ESPECIALISTA EN TERAPIA HORMONAL INTELIGENTE





